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lunes, 1 de noviembre de 2010

Perder.

Perder el tiempo. Perderlo todo. Como un autobús. O un tren. O una oportunidad.
Es decir, tomar determinadas decisiones, que por absurdas o ínfimas que puedan parecernos tienen una consecuencia (inmediata o no) en nuestra vida.
Puede parecer demasiado rebuscado y contradice la filosofía de que las cosas son así porque sí, pero quizá ni todo sea tan simple, ni todo tan complejo. La irracionalidad de los pensamientos por Albert Ellis. Radicalización, generalización, catastrofismo.

Volviendo al ''perder algo''.
Vamos a ver, es incomprensible la cantidad de tonterías y las infinitas vueltas que damos para lograr, perder, recuperar, algo (o alguien)
La solución y la moraleja tras perder algo está clara para todos (supuesto que excluye a aquellos irracionales) pero entonces, ¿por qué la práctica nunca resulta?
¿Por qué pensamos que podemos hacer lo que nos venga en gana sin que ello tenga una serie de consecuencias que derivan en una serie de hechos o acontecimientos que seguro serían distintos si las decisiones hubiesen sido otras?
Tanto para bien, como para mal.
Para darse cuenta de lo erróneo, ciego y equivocado que podías estar ante algo o de lo ignorante, irresponsable e imbécil que pudiste ser.
Perder.

''El arte de perder''. Según como quieras interpretarlo.
Perder no es un castigo, ni una venganza del destino.
Depende de a lo que designes perder.
En matemáticas la probabilidad de éxito no siempre es lo que comunmente llamamos ''ganar''.
Ahí es dónde hay que centrarse, ¿que es azar y que probabilidad?





Pierdo y gano tiempo mientras hago esto. Y pierdo la paciencia ante cosas como xyz. Mejor así.

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