Aprender a saborear la vida no siempre es fácil. La mayoría de veces nos limitamos a engullirla sin a penas descubrir lo que ella suscita. O lo que es peor, somos incapaces de probarla. Siempre he pensado que la vida está para ser triturada, desmenuzada, troceada, masticada y degustada al máximo. Sólo así seremos capaces de conocer su esencia.
- ¿ Y tu, que haces, estudias o trabajas ?
- Vivo.
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sábado, 8 de enero de 2011
A veces pienso que esto de intentar ser fuerte a todas horas puede conmigo. Que el lanzar millones de sonrisas incontroladas llega a cansar hasta el punto en que algún grito puede colarse en medio de ellas. Y es que últimamente las noches me atrapan, y da igual que esté rodeada de millones de personas, porque siempre me sigue faltando algo. Quizá sea distinta al resto, o tal vez muchos no sean capaces de ver más allá de lo que puedo ofrecer a simple vista. Pero el hecho es que estoy llena de miedos y circunstancias que me hacen ver la vida como algo más que un ir y venir sin sentido en el que todos acaban sucumbiendo. Estoy llena de recuerdos y momentos mágicos, tan cortos y fugaces que a veces no soy capaz de encontrarlos entre tanto desorden. Creo que hay ciertos vínculos que pasan de ser especiales, y otros que te consumen por dentro. Se de antemano cuando una persona podrá aportarme algo, y cuando, simplemente, está por estar en mi vida. Lamentablemente las segundas siempre abundan más. Me canso de fingir que estoy bien y de inventarme historias para creérmelo yo misma. Lleno mi agenda de planes, me escondo entre las sábanas o entre las páginas de cualquier libro, con tal de no pensar más de la cuenta. Me aterroriza caminar en círculos cada vez más pequeños, y confiar cada vez menos en la gente. Me duele estar tan alejada de ciertas cosas que me pertenecían y que ahora no son más que simples memorias de tiempos distintos. Cada vez tengo ganas de escapar con más frecuencia, de coger aviones, trenes o autobuses, con cualquier destino, y perderme entre calles donde pueda pasar totalmente desapercibida. Sé que algún día tendré el valor suficiente de hacer mi maleta otra vez y empezar de cero, por mi propia cuenta. Sigo creyendo que algunos sueños se me van a cumplir, sobre todo porque hay personas que también los creen conmigo. Voy a cerrar los ojos y a esperar que pase la tormenta. No quiero congelarme otra vez en este invierno.
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