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domingo, 20 de mayo de 2012
Siempre he soñado con ser un pez, porque dicen que los peces no tienen memoria y no pueden acordarse de nada, y si no te acuerdas de nada, puedes levantarte cada día y vivirlo todo como si fuera la primera vez. La primera canción, la primera vez que le viste, el primer beso, la primera vez que moriste al hacerle el amor. Porque hay ciertos momentos mágicos, como cuando esa persona te toca y sientes que te estorba hasta la piel, que sales de ti, que tu alma pide a gritos salir corriendo. Esa sensación de plenitud infinita al hacer el amor con alguien, hasta el punto de sentir que ya no existes. Ese instante en el que podrías morir porque sabes con toda certeza que jamás en la vida volverás a sentir nada igual. Me gusta saber que hay cosas refugiadas contra el olvido, cosas para las que no pasa el tiempo, como esos mosquitos atrapados en ámbar durante millones de años, el mundo sigue adelante, pero ellos se quedan atrapados ahí para siempre, como las fotos guardadas en una caja de zapatos debajo de la cama, como esos secretos que no puedes contar jamás. El recuerdo es el único paraíso del que no podemos ser expulsados. El universo conspira a favor de los que mueven el mundo, y esos son los que lo paran, ¿tú quieres mover el mundo? O, ¿que te muevan?
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